Película: La Isla de las Tormentas
Por: Mtro. Mauricio Cervantes

Las opciones del streaming otorgan un amplio abanico de filmes a los telespectadores, con la inclusión de obras añejas pero atractivas por la dirección, la actuación o la temática, incluso por una acertada combinación de esos tres factores, para crear un satisfactorio cóctel fílmico, materia de este artículo por ser un buen drama de misterio, con dosis de intriga y conflicto militar, aderezado con una impensable y agitada pasión amorosa. La dirección es muy solvente y el poder actoral de los dos protagonistas desembocan en algo muy recomendable: El ojo de la aguja (Eye of the needle), con Donald Sutherland y Kate Nelligan.
Se recordará que hace unas semanas falleció un actor más conocido entre los jóvenes por su carácter de comediante, pero que los cinéfilos aprecian por su desempeño multifacético. Ese histrión era Donald Sutherland, con un largo historial frente a las cámaras iniciado en la década de los sesenta con joyas como Los doce del patíbulo, MASH, Gente como uno, Muerte en Venecia, Klute, Casanova, Novecento y comedias ligeras al estilo de Jinetes del espacio; además de la saga Los juegos del hambre, tal vez la de mayor huella por ser más reciente.

Es interesante saber que Sutherland actuó bajo las órdenes de Aldrich, Altman, Fellini y Bertolucci, una indiscutible plana mayor entre los grandes directores de cine, sin olvidar su desempeño con Eastwood y Redford; Sutherland revela en El ojo de la aguja sus dotes como villano, muy creíble, al servicio de los malos, los nazis, habilidoso como espía y con la inclinación para deshacerse de sus contrarios con un estilete o aguja; mientras que en el papel de Lucy, amorosa madre de familia, actúo la muy solvente actriz, también canadiense, Kate Nelligan, recordada por su trabajo fílmico en El príncipe de las mareas, Lobo y Premoniciones.
El ojo de la aguja, dirigida por Richard Manquard, se basa en la novela homónima de Ken Follet, también conocida como La Isla de las tormentas. Follet es un destacado escritor británico, nacido en Gales (1949), a cuya fértil imaginación se deben más de una docena de obras. Cabe mencionar entre ellas a El invierno del mundo, La caída de los gigantes y El hombre de San Petersburgo. que, en diversos casos, fueron llevadas a la pantalla chica o al cine. Laureado con varios galardones, recibió el prestigioso premio Edgar (llamado así por Allan Poe) en 1979 gracias precisamente a La Isla de las tormentas, un atractivo relato de misterio.
En el caso de Richard Manquard, también de origen galés (1937-1987), dirigió series y películas para la televisión antes de llegar a la pantalla grande, en donde incursionó con el Nacimiento de los Beatles (1979), filme sin pena ni gloria; dos años después dirigió El ojo de la aguja, con tanto tino que incluso fue llamado a dirigir El retorno del Jedi, la tercera obra de las películas de Star Wars, convirtiéndose en el único realizador extranjero en trabajar en la exitosa saga estadounidense.

La puesta en escena de El ojo de la aguja vale la pena por el cuidadoso estilo de Manquard, para recrear un drama de intriga política y militar correspondiente al periodo de la Segunda Guerra Mundial, cuando el espionaje de los nazis buscaba detectar y valorar los contingentes y los movimientos de las fuerzas aliadas en suelo británico, listas a invadir el continente en tiempos previos al desembarco en Normandía. Saber en dónde desembarcarían los aliados era crucial para decidir el derrotero del conflicto.
Un bien preparado espía nazi, conocido con el falso nombre de Henry Faber, interpretado por Sutherland, predilecto de Hitler y de la plana mayor del espionaje alemán, descubrió información relevante para conocer los preparativos del inminente desembarco, las pruebas gráficas que obtuvo debía trasmitirlas directamente a su jefe, y para ello debía abordar un submarino, no sin antes tener que cruzar la Gran Bretaña perseguido de cerca por el eficiente servicio británico de espionaje, el M5, encabezado por un investigador tenaz, hábil sabueso, listo a caerle a Faber al menor descuido.
En su frenética y accidentada huida, Henry Faber llega a la isla de Las Tormentas para albergarse en el hogar de un matrimonio desavenido con quien establece una relación de engaño, intriga y triangulación amorosa. La interacción lograda con la antagonista, Lucy, personificada como ya se mencionó líneas atrás por una actriz de suficientes dotes artísticas para desarrollar un ser, atormentado y ávido de atención romántica, genera una buena dosis de interés por el duelo actoral con Sutherland, culminado en un frenesí violento, con vueltas de tuerca que suministra adrenalina a la experiencia de dedicar tiempo a este buen film.
Dos horas de buen cine, de intriga, romance ilícito, misterio, acción y tensión, un buen cóctel, trascendente y profundo y no un mero entretenimiento. Ocupar el tiempo libre en ver películas como El ojo de la aguja torna significativo el esparcimiento, tan necesario para la sociedad, la familia y el individuo. No todo es el trabajo y el tiempo obligado para la humanidad. Cabe ampliar el espacio para recrearse, para renovarse con una visión que ensanche horizontes, sin traicionar la funcionalidad de la mente y de las habilidades, para acrecentar la personalidad de todos con viajes, lecturas, música y cine, cine de calidad.
